La pluma será más poderosa que la espada, pero la espada más que el destornillador.





Hola, hola, amigos de los niños. Hace más de un año que no escribo nada aquí. Podrías pensar que he vuelto y que todo brilla como antaño cuando os divertíais y emocionabais con mis trepidantes aventuras, pero lo siento, no. No os hagáis ilusiones. Simplemente una amiga me pidió que le contase esta historia que voy a relatar y me dije, ¿por qué no hacer partícipe al mundo entero y, ya de paso, que quede por escrito y no tengo que contarla una y otra vez? (aunque la verdad es que me gusta contarla). No es una historia “basada” en hechos reales, son hechos reales y punto, sin “basada” ni hostias en vinagre. Sí, incluso lo del oso es real. Así que lamentablemente este es un hecho puntual y no pretendo volver a escribir con asiduidad. Dado que nunca cumplo lo que me propongo lo mismo ahora escribo dos veces al día… a saber. En cualquier caso, al turrón. Sin más dilación aquí tenéis esta historia maravillosa que sufrí en mis, por aquel entonces, no tan abundantes carnes:


Érase que se era una fresca y agradable mañana primaveral. Corrían aquellos festivos tiempos en los que los estudiantes universitarios podían dormir hasta bien entrada la mañana, George W. Bush aprendía a leer bocabajo y las garrafas muy grandes eran lo único a lo que se llamaba garrafón. Tiempos más felices en resumen.

Dormitaba yo, casi flotando, sobre mi mullido colchón, cuando un terrible y apocalíptico sonido terminó con mis macabras al tiempo que ilustrativas ensoñaciones para conquistar el mundo. El timbre de casa…

-A mi puerta un visitante – murmuré – siento llamar; eso es todo, y nada más.

Ya al rumor vago, afelpado, del purpureo cortinado, de fantásticos terrores sentí el alma rebosar. Mas, mi angustia reprimiendo, confortome repitiendo:

-Es sin duda un visitante quien, llamando, busca entrar; un tardío visitante que a mi cuarto busca entrar; eso es todo y nada más.

Bueno, lo dije yo o Edgar Allan Poe, qué más dará, no tengo el chocho pa’ farolillos y pensé más o menos lo mismo. El caso es que miré el reloj con el único ojo que tenía abierto. Las once de la mañana. ¡Qué terrible e incívico animal se atreve a llamar a esas horas a una casa decente! ¿No sabe acaso que puede haber universitarios durmiendo? Como no se merecía otra cosa, el tardío e infame visitante, lo ignoré por completo y cerré de nuevo mi ojo.

A no mucho tardar después del mentado evento, mientras aún trataba en vano de recuperar mi sueño de dominación mundial, desde detrás de la puerta cerrada de mi cuarto, proveniente ya del pasillo de mi lar, arribome al oído un sonido agudo. El inconfundible tintineo de un cascabel. Mi hermana, por aquellos tiempos, portaba varios de los susodichos en sus zapatillas así que, una vez más, decidí ignorarlo. Ignorar cosas, en líneas generales, es una materia en la que estoy harto versado y ejecuto a la perfección.

Para bien, quiso el destino que poseyera mi cuarto una puerta algo rebelde. Y es que aunque la muy malaje se abría hacia adentro, primero había que estirar y luego empujar, en otro caso ignoraba las suplicas de los viandantes y permanecía inamovible. Esto derivó en los hechos subsiguientes. De pronto la puerta comenzó a crepitar y crepitar. Yo, que bien conocía las virtudes y defectos de mi propia puerta y, desde luego, el noble arte de la comunicación mediante sonidos no se encontraba entre ellos, me giré en la cama extrañado. Por primera vez aquel día, abrí ambos ojos. La puerta se estaba combando hacia dentro, como un escroto al meterlo en agua muy fría. Curioso. Mi cerebro, tan lúcido como es habitual, reaccionó con la velocidad que se le presupone, “¡UN OSO!”, pensé. Y es que, ¿quién no se ha encontrado un oso en su pasillo un día laborable a las once de la mañana? Si a vosotros no os ha pasado es que no habéis tenido infancia.

Bien, concluí que algo raro sucedía, llamadme lince. Mi madre y mi hermana, con quienes convivía por aquellos entonces, sin duda sabían cómo abrir la puerta de mi cuarto, pero fuere lo que fuese lo que estaba al otro lado de la misma no sabía cómo hacerlo. Además, en aquella época del año un oso debería estar hibernando. Sería el que se quedó de guardia protegiendo sus viandas. Debía de actuar rápido.

Miré a la pared de mi cuarto y di gracias a Iniesta de ser un enfermo de las armas medievales. Una katana, un hacha, un látigo, un arco, una ballesta, unos kalis, varias estrellas ninja, cuchillos arrojadizos, y media docena de dagas. Todo ello colgaba reluciente de mi pared. Elegí la katana, así, para abrir boca. Katana en mano y gallumbo en… en su sitio, decidí que iba a atravesar la puerta de lado a lado. No mataría al oso, pero seguro que no le iba a gustar. ¡Banzaaaaai!

En aquel preciso instante debió despertarse alguna neurona más que, a buen seguro había estado hasta entonces durmiendo. Sorprendida dicha neurona por la coyuntura encontrada, mandó una señal al resto del cerebro…

-Quizá, sólo quizá –apuntó la neurona–,  es un tanto improbable que haya un oso en el pasillo de tu casa… igual no es buena idea atravesar tu puerta con una espada… no vaya a ser que te encuentres luego a tu tía ensartada como un rollo de kebap… y tal.

De todos es sabido que la carne humana tiene demasiada calidad para servir como kebap así que aquello iba a ser un desperdicio, había que cambiar de estrategia.

Volvamos a unos microsegundos antes. Katana en mano y gallumbo en… en su sitio, abrí la puerta con un vehemente gesto. Detrás de la puerta había un ser pequeño, no más de metro sesenta y muy poco, con una gorra calada, la tez morena, rasgos de indígena del amazonas y un chándal sucio. Debía de contar unas cuarenta primaveras. Supe sin duda que se trataba de un ser mágico, un duendecillo de los bosques calcinados, un joven troll de las cavernas, o bien algún tipo de sudamericano. Llevaba un largo destornillador en sus manos con el cual estaba haciendo palanca e intentando forzar una puerta que no tenía ningún tipo cerradura. Sin duda era un genio bendecido por la virgen de las mil llamas (de las que escupen). Mi espada, además de ser, obviamente, una espada, lo cual asusta per se, debía medir como cinco o seis veces su destornillador, el cual además no parecía demasiado afilado.

No os mentiré, lejos de comportarme como el atlético héroe que era, mi reacción fue de estupefacción, creo que de haber encontrado un oso no me habría sorprendido más… a no ser que fuese blanco, entonces sí, ya que sé seguro que sólo se encuentran en el polo norte y en el apolo de limón. A pesar de mi estupefacción imaginad la cara del interfecto: estás robando una casa; ya dentro de la misma y, de pronto, la puerta que estás forzando se abre y aparece un tío en gallumbos con una espada y mirándote desde arriba. El miedo se le escapaba de los ojos. Raudo como un ratoncillo delante de un tigre de bengala se giró y comenzó a correr pasillo abajo tratando de alcanzar la salida. No sé qué habría pasado si se hubiese encarado conmigo, el caso es que en cuanto me dio la espalda comprendí que allí mandaba yo y emprendí veloz carrera en pos suyo gritando con todas mis fuerzas y con la espada al viento. AAAARRRRRRGGGGGGHHHHHH. Debía tener el ladrón más adrenalina que una docena de curas en un orfanato; corría mucho. El pequeño ser mágico alcanzó la puerta de salida antes que yo y ahí detuve mi infructuosa carrera. Bloqueando la entrada (y la salida). 

A los pocos segundos otro ser mágico, que sin duda acababa de disipar su conjuro de invisibilidad machupichuística, me empujó por la espada en un hombro y me hizo pivotar al tiempo que también escapaba. Aún a día de hoy me puedo imaginar como en las películas de samurais, clavando la espada por debajo de mi sobaco sin siquiera girarme y ensartándolo como a un armadillo a l’ast (sí, ya sé que antes era como un kebap, pero ahora ya conocía su procedencia y un armadillo se me antoja más adecuado).

El peligro había pasado, pero aún me encontraba en un estado alterado. Los muy truhanes habían reventado el bombín de la puerta de mi cálido hogar y no podía cerrarse. Así que llamé a la policía, a mi progenitora, cogí unas estrellas ninja y planté una silla enfrente de la puerta. Allí, en gallumbos, con la espada sobre el regazo y las estrellas en la cómoda al alcance de mi mano recibí a la policía. Una risa, oiga.

Más tarde, cuando mi madre llegó, espoleó al agente de la ley para que me recriminase mi actuación. Impertérrito el agente me miró con esos ojos duros de quien ha vivido situaciones de tensión a cientos y me dijo:

-Chaval, si entra en mi casa le pego dos tiros. Si te vuelve a pasar luego tiras el cadáver por la ventana y aquí no ha pasado nada.

Tomé nota para la siguiente vez.

Y fueron felices y comieron armadillo a l’ast.


Hasta la próxima, jóvenes seres mágicos.

Tío Yyr.


Ready player one.





Hola amiguetes,

A decir verdad, que ya es mucho decir, no recuerdo si he hablado aquí de esto antes, pero como si no me acuerdo yo no cuenta lo repetiré. Quería hablar de un libro fantástico que estoy releyendo, un libro lleno de acción, lleno de aventuras y lleno de letras, joder si tiene letras el hijo puta.

La primera vez que lo leí me pilló en vacaciones, flotando como una morsa diabética en la piscina de Denia. Lo acabé en dos días, al final estaba yo tan arrugado que parecía una amalgama entre la Duquesa de Alba, la credibilidad de Rajoy y un escroto a veinte grados bajo cero.  Valió la pena, que pena es precisamente lo que daba yo cuando salí del agua.

Pese a que el post es un poco largo prometo que no hago ningún spoiler del libro y todo lo que aquí relato se dejará ver antes de la página 20… o 30. Si leéis la contraportada seguro que os chafan más.

Al turrón. El libro se ambienta en un futuro distópico, que no es muy futuro ni muy distópico. Corre el 2044 y las fuentes de energía fósiles se han quedado secas, secas. Tras Conchita Wurst, Portugal se dio cuenta que las mujeres con bigote ganaban Eurovisión y no se les había escapado ni uno desde entonces. Jordi Hurtado seguía presentando Saber y Ganar. El caso es que la crisis energética había llegado a hundir la economía. La pobreza y el hambre desolaban el mundo. Las casas de comida rápida tenían una cola de dos años… para trabajar en ellas, no para las entregas, sino sí que habría hambre de verdad. Vamos que trabajar era más difícil que explicarle la teoría de cuerdas a la infanta Elena.

En mitad de este caos se alzaba un nuevo producto, una red social de dimensiones jamás vistas, una solución para la vida y al tiempo una prisión autoimpuesta. OASIS. OASIS era un gigantesco universo virtual donde se alojaban cientos de miles de planetas, cada uno con unas características determinadas. Se accedía a OASIS mediante unas gafas de realidad virtual y unos guantes… esto… estooooo… chipirónicos por ejemplo, que permitían moverse dentro de aquel entorno.

Dado que la carencia de combustible hacía tremendamente caro desplazarse por el mundo real, las empresas empezaron a comprar planetas dentro del entorno virtual de OASIS, allí organizaban sus reuniones y básicamente toda su actividad empresarial. También las escuelas y universidades fueron trasladadas dentro de OASIS y así la red social se convirtió más en un nuevo modo de vida que en una red social a la antigua usanza. Por supuesto el inventor y fundador de OASIS también tenía más pasta que las gafas de un hipster.

Comienza el libro con la muerte del señor James Halliday, fundador de OASIS, amigo de los niños y consagrado friki de cojones. El señor Halliday, que estaba como una puta regadera, no tenía herederos, ni perrito que le ladrase así que, más ancho que largo (literalmente), decidió esconder dentro de su creación, OASIS, un Huevo de pascua y donar el control completo sobre OASIS así como toda su fortuna, que ascendía a chopocientos mil gritones de dólares, al primer tío raro que encontrase su huevo de pascua.

Claro, quien más y quien menos se siente un pelín atraído por una fortuna de chopocientos mil gritones de dólares, no me lo negaréis, así que comienza una carrera sin cuartel para solucionar el enigma del huevo de los huevos. Por un lado, unificados como la derecha política están los Sixers, que son los malos malosos de la peli. Se trata de una empresa gigante cuyo nombre no recuerdo así que me referiré a ella usando algunos caracteres que me salgan de forma aleatoria… por ejemplo SGAE. La SGAE forma un ejército de buscadores de huevos, con todos los medios y poder posible, pero como siempre los malos y la derecha, con el cerebro del tamaño de un mosquito pigmeo. Por el otro lado está la izquierda haciendo gala de lo que siempre ha sido la izquierda, es decir, no hay manera de que se pongan de acuerdo y como todos son taaaaan, taaaaaan listos y tienen taaaaantas, taaaaantas ideas, pues no hay tu tía, se forman cientos de clanes independientes y también cazadores de huevos solitarios que no se unen a ningún clan. Tanto clanes como solitarios se hacen llamar Gunters (Egg hunters) y odian a los Sixers más que a la alcachofa en la paella, que ya es decir.

A todo esto, sito en una caravana amontonada encima de otras muchas, traspasando varias veces el umbral de la pobreza, vive nuestro amigo Marco, en una humilde morada. Se levantaaaaaaa, muy tempraaaaanooooooo, para ayudaaaar… uy, creo que se me ha ido otra vez... Vive nuestro amigo y protagonista Wade Watts (Perzival dentro de OASIS) que no busca a su pobre mamá porque está más muerta que la libertad de expresión la hija de puta. Wade/Perzival, que no tiene un puto duro ni en su mundo de verdad ni en OASIS, decide convertirse en Gunter solitario tan pronto como comienza la caza del huevo. Así se puede evadir de su vida de mierda.



 Ye Patxi, ¿cuánto dices que te pagan por aparcar los coches?


Para encontrar el huevo hay que resolver tres acertijos, y cada uno conduce al siguiente, pero al parecer son chungos, chungos de verdad, así que pasan más de cinco años sin que se resuelva ni siquiera la primera pista y se empieza a perder el interés por la búsqueda hasta que de pronto, el nombre de un solitario Gunter de ínfimo nivel aparece en lo más alto de la tabla de puntuación (que estaba a 0 hasta aquel día). Perzival ha descubierto la primera llave y de nuevo se desata la batalla por conseguir el huevo.

Tanto la SGAE con el Rey del pollo frito a la cabeza, como el descabezado ejército de Gunters vuelven a ponerse guantes chipirónicos a la obra. El viejo y ya putrefacto Halliday había nacido en algún año indeterminado (indeterminado en este post porque no me acuerdo) de los 70’. Así pues, para desvelar los misteriosos secretos y los secretosos misterios que escondió dentro de OASIS, todos, izquierdistas y derechosos, se ponen a rebuscar entre el no pequeño elenco cultural que nos dejó la década de los 80’ y de la que Halliday era tan fan como Eduard Forest de… bueno, de la que Halliday era muy fan. Así que se vuelve a poner de moda todo aquello. Es así como Mr Cline (escritor) nos hace rememorar cientos de canciones, videojuegos, películas y series de culto de aquella época trasladándonos a un tiempo donde Chanquete aún no había muerto. Toda una delicia para nostálgicos e historiadores de los 80’.

Por otro lado, por si hasta ahora nos parecía que el libro no era suficientemente friki, que ya hay que estar enfermo para que te lo parezca, rematamos la fiesta explicando someramente el interior de OASIS. Pese a su evolución a red central de comunicaciones, el mundo OASIS fue, en principio, diseñado como un juego, un juego más grande que ninguno que se hubiese hecho antes, pero un juego al fin y al cabo. Se había clonado universos enteros dentro de OASIS, La tierra media, World of Warcraft, Star Trek, Blade Runner, StarWars, La cañada del real y todo eso. En unos mundos dominaba la magia, en otros la tecnología, en algunos ambos y en otros ninguna. Cóctel friki para los más bebedores.

Así que, sin ser una obra que vaya a pasar a los anales de la historia de la literatura, bien podemos decir que la novela es muy, muy buena si te gusta la ciencia ficción; sublime si además eres friki; una jodida master piece tamaño mierda de T-Rex si eres un friki que te gusta la ciencia ficción y además naciste entre 1970 y 1985.

Los amigos de la Warner están preparando una versión cinematográfica que esperemos que llegue a ver la luz… y que no la caguen a lo grande como tienen por costumbre casi todos los estudios de Hollywood.

That’s all folks,

Tío Yyrkoon.

El rey.



El lunes pasado fue el Memorial Day en los Iunaited Esteits (el día del veterano) y los muy zafios nos dejaron sin capítulo de Juego de Tronos. Nuestro siempre preocupado monarca, que a Dumbo gracias no se encontraba cazando paquidermos, paquistanís ni a Paquirrín ha sido tan magnánimo y tan regio que ha decidido obsequiarnos con un capítulo doble este lunes.

Sí, el rey ha abdicado. Juan Carlos I de Borbón, blasón al viento y con su lema (Un Borbón nunca paga sus deudas, ni sus yernos tampoco), se retira, esperemos que no se retire muy rápido porque es probable que se caiga y se parta la cadera y, oiga usted, una persona, sea monárquica o republicana nunca debe desear el mal a nadie que no milite en el PP. Así pues, como al parecer aquello de “El rey ha muerto, viva el rey” es sólo de las películas, hasta que nuestro bienhadado Felipe jure su cargo nos hemos convertido por fin con todas las letras en una “república temporal paellera” (al menos en Valencia), algo que siempre hemos sido, pero no podíamos declarar.

El tema es que sería un momento perfecto para librarnos de la lacra de la monarquía hacer un referéndum y que el pueblo elija si quiere un rey o no e incluso bajo qué condiciones podría llegar a quererlo porque, no nos engañemos, tener un rey, guste o no a algunos tiene sus ventajas, lamentablemente y a día de hoy tiene más inconvenientes que ventajas, vendría a ser como que te la estén chupando en una habitación a oscuras y que al final enciendan la luz y sea la Espe, que oye, sí, te la han chupado, pero a ver quién te quita el trauma ahora.

Repasemos las ventajas y los inconvenientes de tener un rey.

Inconvenientes:

-         - Tener un miembro específico de la comunidad que esté por encima de la ley no es de ídem, y con artículos en la constitución sólo para él… que ya podía compartirlos el muy egoísta. Yo también quiero mi artículo o aunque sea una puta columna de opinión escrita por Roncero.
-          -Tener rey es un gasto para el estado. Tener un rey, con una familia real que cría como conejos y una aristocracia del tamaño del ejercito de China es demasiado. Si además le sumamos lo que roba el Urdangarín y lo que se esnifa el Marichalar como no vayamos con cuidado no nos va a dar para rescatar al próximo banco que quiebre.
-         
            - El hecho de que sea un título hereditario nos condena a que pueda pasar a ser rey cualquiera, sea subnormal o no. Con la presidencia de la nación pasa lo mismo (a los hechos me remito), sí, pero al menos ahí nos aseguramos de que el presidente es igual de subnormal que como mínimo la mitad de los que ejercieron su derecho a voto. Imaginemos un trágico accidente multitudinario en algún lugar donde se reúna toda la nobleza… no sé, las regatas, torneos de tenis, camas redondas, whatever… de pronto ¡PAM! Todos muertos. El siguiente en la línea sucesoria es un tal Pocholo… ¡¡¡Venga la fiesta!!! Podéis imaginaros el discurso de BLANCA Navidad.
-         - En muchos casos, mandar a un rey como relaciones exteriores puede resultar contraproducente. Sí, lleva toda una vida arrastrándose por los más oscuros rincones de la diplomacia, conociendo partes más íntimas de Barbara Rey, Corinna y muchas otras la demagogia, esto no quiere decir que tenga que estar bien dotado para ello en particular, aunque se podría preguntar a algunas como está de “dotado”. ¿Por qué no te callas?

Ventajas:
-          
             -No nos engañemos, tener rey viste mucho cara al público exterior. Aquí viene el primer ministro de Italia (que no el presidente), cuyo nombre su padre olvidó hace tiempo, y cuando aterriza se entera el taxista que lo recoge del aeropuerto, y el primo hermano de su puta abuela, total ¿quién es el primer ministro de Italia?, lo que es más, ¿a quién coño le importa? Sin embargo, se da la reina de Inglaterra un garbeo por Benidorm con el inserso y sin hacer nada más que bailar los pajaritos con María José se entera hasta la Soraya Sáenz, que ya sería noticia que se enterase de algo, y no será que no tiene un ojo en todas partes.  Así que tener rey es bueno para dar publicidad al país en el extranjero.



Foto oficial de la página de la Moncloa. Jódete.

-          -Si bien he mentado que tener un rey como relaciones exteriores PUEDE resultar contraproducente, en otras ocasiones puede ser muy positivo. Para mentes más… eeeemmm… eeeeestoooooo, ¿hechas a las viejas tradiciones?, como podrían ser un jeque árabe, el rey de Marruecos, Gallardón… tratar con un presidente… puag, ¡qué puñetera miseria!, si total en cuatro (u ocho) años se va a ir (, forrado, pero se va), ¡cuán patético!, eso no está a la altura de todo un rey, un jeque o cualquiera con un cargo vitalicio como Jordi Hurtado. Ellos negocian mejor con otros reyes, es así. Y oiga, no crea usted que esa gente hace entrar poco capital en el país. Y no deja de ser cierto que la gran parte de dicho capital se la quedarán las grandes empresas, la banca y otra gente SOBRE-cualificada, siempre nos quedará la esperanza de que para cuando llegue el momento de repartir cuscurros de pan duro entre los indigentes, gente dependiente, investigadores e ingenieros recién titulados, no les dé por quedárselo todo y dejen alguna sucia y embarrada migaja para los demás.
-          -Esto es completamente subjetivo, pero creo que tener un rey, en caso de sólo mantenerlo a él (y no a toda su familia de inenarrables dimensiones) sería más barato que mantener a un primer ministro ya que el primero sabe su cargo vitalicio mientras que el segundo no. El primero es la cigarra sin invierno y el segundo es la jodida hormiga antes de la glaciación.

Así pues, mi criterio sería:

Sí a la monarquía, ¡PERO….!!
1.- Sueldo preestablecido para el rey y sólo para él, ni dietas ni su familia ni la aristocracia ni perrito que les ladre.
2.- El rey, exceptuando su cargo el rey es exactamente igual que todos los demás ante la ley. Excepción hecha de Iniesta que debe ser considerado la encarnación de Dios en la tierra.
3.- Para acceder al cargo debería cumplir ciertas condiciones de formación, como ciencias políticas, hablar varios idiomas con fluidez, master en felaciones internacionales y blablablá. No vale regalarle los títulos, tiene que ganárselos, en especial ya sabéis cual.
4.- En cada elección general se añadirá una casilla en la que el pueblo decidiría si continuar o no con la monarquía.
5.- Cuando el rey muera o abdique el pueblo elegirá el nuevo rey entre los 5 ó 6 primeros de la línea sucesoria que cumplan los requisitos establecidos en el punto 3.
6.- El tío Yyrkoon será el primer rey bajo estas condiciones para instruir con el ejemplo. A falta de candidata, Patricia Conde y Pilar Rubio se turnarán mensualmente el cargo de reina en funciones (al menos mientras el rey “funciones”).

El rey ha muerto. ¡Viva el reyyrkoon!

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¿Qué os parece todo?