Hablemos de fút.. de polít... bah, insultemos a alguien.

Estamos en la final. Como diría el Gran Wyoming ¡Viva Espaaaaaña, coooooño! En estos días grises en los que la economía se hunde; en estos días en que la sombra de Merkel es alargada, amén de tan ancha como siempre; en estos días la selección logra un hito sólo al alcance de los más grandes, la Alemania de antaño, la Alemania conquistadora, la de las tres finales a la que sólo el amigo Panenka pudo doblegar, pero… ahora llega Italia, esa máquina de ganar finales, tetracampeones del mundo, la reina de la triquiñiula, el adalid del hurto. Dicen que han cambiado, pero todos sabemos que aunque al corazón oscuro le dé el sol siempre será negro. Dicen que han cambiado, pero también lo decían del Dioni cuando se fue a Sudamérica, y sí, tenía tetas, pero seguía rodeándote con su mirada.


Italia... Amigos, hermanos, veo en vuestra mirada el mismo miedo que encogería mi propio corazón. Pudiera llegar el día en que el valor de los españoles decayera, en que olvidáramos a nuestros compañeros y se rompieran los lazos de nuestra selección; pero hoy no es ese día. El día en que una horda de spaghettis y tibias rotas rubricara la consumación de la Edad de la selección española. ¡Pero hoy no es ese día! ¡En este día lucharemos por todo aquello que vuestro corazón ama de esta buena tierra! ¡Os llamo a luchar, aficionados de España!

Arengado esto, quitando los catalanes que por ley lo tienen prohibido, el resto, cambiemos de tercio. Nuestros bienhadados líderes, por llamarlos de algún modo (que probablemente no entiendan), que es que ya es el tema para instaurar la ejecución por catapulta, decidieron anunciar la retirada de la subvención estatal para 400 y pico medicamentos durante las semifinales de la Eurocopa, sí, durante… que seguro que algunos medicamentos estarán bien retirados, como por ejemplo los laxantes, y es que ya no son necesarios porque yo desde que vi a Sergio Ramos salir a tirar el tercer penalti no cago duro; por otra parte, seguro que otros no está tan bien retirarles la subvención, y blablablabla; medida aparte, lo que sin duda es un crimen contra la democracia es el ocultismo y las malas artes. Habrá mucha gente que no le guste el fútbol. Habrá mucha gente que gustándole el fútbol prefiera saber lo que de verdad va influir en nuestras vidas, pero también habrá gente que, sin gustarle el fútbol, estaría viendo el partido o que prefiere ver el fútbol que ver como cuatro hijos de damas de lupanar nos ponen mirando a las casas colgantes. Joder, haced el anuncio de vuestras inicuas y mal intencionadas medidas un jodido medio día, cuando la mayoría de tus ingenuos (eufemismo) votantes puedan verte. Cuando trasmitas a tu país, sí, ese que gobiernas, un mensaje. No lo hagas cuando nadie lo va a ver, no lo hagas sólo para poder decir “Ah, yo ya lo advertí”. Dad la cara, que la tenéis como la polla de Nacho Vidal, muy grande y muy dura.

Señores ministros, tras romper una tras otra todas sus promesas electorales, tras usar al pueblo como colchón para salvaguardar la caída de los que ya no pueden sostener el peso del dinero robado en sus carteras, tras vender sus almas a banqueros y políticos extranjeros sin volver la vista hacia… hacia abajo. ¿Creen que nos van ustedes a sorprender con una medida que, comparada con las anteriores, casi se podría calificar de un favor hacia la grey por mantener la seguridad social? Vamos, por el amor de Iniesta, tengan ustedes al menos los bemoles en su lugar. Al menos dígannos de que tamaño es el miembro del miembro del congreso que nos van a insertar. Que actualmente sólo la Merkel tiene los huevos necesarios para acompañar la salchicha alemana que seguro también subyace sota (valga la redundancia) sus enaguas a juzgar por su femineidad.

Y ahora, quitando una vez más mi indignación, que por común ya hasta está dejando de indignarme, carguemos contra otro colectivo más asequible, más mundano. Los, para mí, exasperantes antifútbol. Que si “ahora sólo se ve la selección”. Que si “ahora sí que lleva banderas de España la gente”. Que si “mira esos cerriles borregos que les ponen la zanahoria y ya se han olvidado de lo importante”… Que, por decirlo suavemente, me comáis un huevo todos.

Primera, el sentimiento patrio es como el DNI, personal e intransferible, decidiré llevar una bandera de España (que no creo que suceda) cuando me apetezca y creedme, me puede o no apetecer cuando veo a un jugador de fútbol, un camarero de un bar o un pintor de brocha gorda, me la sopla, engrandecer el nombre de mi país haciendo bien aquello que saben hacer bien. No me apetece, sin embargo, más que meter la cabeza bajo el suelo cual avestruz, cuando veo a un imbécil con barba y gaviotas doblar la rodilla para comer mejillón alemán mientras se unta vaselina para sodomizarnos a todos. No. La verdad que en ese momento no me apetece demasiado, mirad, soy así de rarito.

Segunda, que cualquier persona vea el fútbol no quiere decir que sea un ignorante ni que esté falto de implicación en la problemática social que nos rodea. Está claro que luego gente como el señor Tomás Roncero echan por tierra esta teoría, pero no creo que Aramís Fuster vea el fútbol y tampoco es que aporte mucho a la sociedad. Perfectamente puedo invertir/gastar/perder (lo que queráis) dos horas de mi tiempo en ver un partido de fútbol y luego leer todos los periódicos, hacer pancartas para manifestaciones para que el alcalde de turno tenga algo de lo que mofarse que, pobrecitos, con esto de la crisis están faltos de risas. Puedo dedicarme a poner bombas o, impávido, a escribir un blog zafio con opiniones políticas baladís... siendo generoso. Sea cual sea mi forma de protestar (de existir alguna) la puedo llevar a cabo dos horas antes o dos horas después y nada va a cambiar, de hecho puedo no hacer nada y tampoco va a cambiar. Por otro lado, el fútbol, más que ser una venda que me ponen en los ojos para que no vea los males endémicos de este nuestro desdichado trocito de tierra, yo personalmente prefiero considerarlo más una venda que me dan en la mano, con ella, puedo durante un corto periodo taparme los ojos y no ver la árida tierra que nos rodea por doquier. Es un vaso de agua para un hombre deshidratado en medio del desierto, no va a salvarle, pero le va a sentar de maravilla durante un rato. Ya me tienen agobiado durante todo el día, déjenme desconectar señores periodistas, denme un poco de fútbol ahora y un poco de política la semana del Madrid Barça. Hay que repartirse mejor.

Para concluir, espero que toda esta caterva de ínfulas antifútbol no gaste ni un segundo de su, como mínimo, más valioso tiempo en nada que no sea sudar duro en pro del futuro de España. Espero que no vayan al cine ni jueguen con sus hijos. Espero que no tomen cerveza alguna. Espero que duerman sólo la cantidad de tiempo necesaria para optimizar su rendimiento para con nuestro país. Espero que se esfuercen para compensar el mórbido mal hacer y displicencia de los futboleros que, sin duda, solo existimos para derrocar la grandeza de la conspicua España.

A los antifútboleros respetuosos, por supuesto, mis respetos. Quede esto claro.

A mamarla el resto.



Fdo:

Yo, satánico adorador de las huestes del balompié. Somos legión.

Bet and lose.

Sí, ya lo sé; esto debería ser un post sobre la semana que pasé en Tokio. Lamentablemente y pese a que tengo escrita gran parte de la parte contratante de la primera parte, esta tiene menos gracia incluso que lo habitual, es decir, es casi un dramón. Thus, hasta que lo mejore un poco o me cuenten un par de chistes buenos que pueda incluir se va a quedar en el tintero. Para vuestro deleite; una vaca. ¿Lo veis? Un chiste bueno siempre ameniza. Bueno, sigamos. Para vuestro deleite os contaré otra historia igual de aburrida que la anterior pero que… en realidad no hay ninguna razón, la cuento y punto. Vamos allá.

Hace mucho, mucho tiempo, más o menos cinco meses, se celebraba un evento excepcional jamás visto con anterioridad en nuestro país. Noche vieja. Querían los devenires del destino que yo andase por aquel entonces en mitad de una apuesta de pérdida de peso. Yo tenía 10 semanas para perder 10 kilos, mi amigo, mucho más esbelto que yo, lo cual por otro lado es como decir, mucho más honrado que la directiva de Bankia, tenía que perder 20.000 millones en 6 meses… quiero decir, 5 kilos en 10 semanas.

Cuando llegó la mentada y vieja noche, habían transcurrido ya cuatro semanas y media de nuestra apuesta. Tras nuestras primeras y durísimas semanas de dieta y ejercicio la cosa estaba de la siguiente manera: yo tenía que perder 10 kilos en 5,5 semanas y mi amigo tenía que perder 6 kilos en 5,5. Empezábamos a sospechar que algo no estábamos haciendo bien. Llamadnos sagaces.

La apuesta se basaba en un método bote, es decir, el que no conseguía su objetivo ponía 150 pavazos al bote central (versión adaptada de otros amigos que lo hicieron con 1.500€) y luego se hacía algo con ese dinero. Si perdíamos los dos pues poníamos cada uno 150 y nos lo gastábamos de algún modo. No era tan malo (si perdíamos los dos), al fin y al cabo no perdías prácticamente nada excepto el hecho de que te obligaban a gastarte 150 euros en algo que quizá no te apeteciese demasiado, como por ejemplo podía ser 150 euros en cintas de gasolinera del Fary y Camela o la biografía de los mayores estafadores de la política española… aunque quizá para eso no llegase con 150 euros que son muchos tomos… es más, quizá te esperarían ellos mismos en la tienda para robarte los euros o te mandan a la Merkel para que estableciese un buen tipo de interés, a saber.

El caso es que, por puro orgullo o estupidez o vete tú a saber que (me inclino por estupidez), decidimos no cancelar la apuesta pese a que esas cifras de pérdida de peso en el tiempo que nos quedaba eran tan insalubres como puede ser un vaso de agua del Ganges, eso sí que haría perder peso. Todo el día cagando; bueno, eso y una botella de ron Negrita. Ummm bien pensado, una buena negrita también me haría perder peso, pero creo que me estoy desviando… ¿Será esto a lo que llaman desvío sexual?

Ahí me tenían a mí, a golpe de ensaladas, sepias plancha, pechugas de pollo, pimientos y demás aberraciones para la alimentación. Embutido en una sudadera “corriendo” por la calle y subiendo escaleras. Me parecía mucho a Rocky, al menos a Rocky después de haberse comido a Ivan Drago y a un par de sparrings más. Durante estas semanas descubrí multitud de alimentos maravillosos, que aunque ya los conocía siempre habían sido considerados guarnición. Vamos, algo que casi siempre está ahí, pero a lo que nunca haces caso. Izquierda Unida por ejemplo. Sin embargo, ¡oh sorpresa la mía! Me gustaban bastante y empecé a usarlos con asiduidad, así que mi peso empezó a dispararse hacia abajo, oiga usted, como Froilan.

Finalmente y por los pelos, ambos conseguimos alcanzar el peso estipulado; bueno, mi amigo tenía unos gramillos de más, pero también le pasó a Marichalar y se lo perdonaron así que yo no iba a ser menos. Felices cual perdices no tuvimos que poner bote y, yo al menos, me pegué un papeo épico donde los haya, digno de los Manowar después de un concierto en ayunas. Con decir que me dio una rampa en el estómago…

Durante la semana posterior a la apuesta, volví a mi dieta habitual de morro de cerdo enrollado en cintas de bacón y hundido en la fondue de chocolate y mantequilla. Gané 2 kilos. Se me empezó a pasar por la cabeza que quizá estuviese comiendo cosas demasiado calóricas, pero la báscula, como quien no quiere la cosa, se estabilizó de pronto. Nunca tuve muy claro porque se estabilizó; quizá fue porque dejé de echarle azúcar a la Coca-Cola o quizá fue porque le quité las pilas, nunca lo sabremos.

Deambulaba calmo la semana pasada por mi baño cuando, de soslayo, vi que la pobre báscula me miraba entristecida (Dramatización), abandonada en su solitario rincón. “Pobrecita”, me dije, cuatro meses ahí sin compañía ni nada; sin que nadie la aplaste hasta sacarle los mecanismos. Así que me pesé y... digamos que pese a que aún me queda un cacho de renta de la apuesta, sin cambiar de hábitos el cuerpo tiende a alcanzar su estado de estabilidad presupuestaria acorde con el capital comestible que le inyectes. Y así me encuentro ahora, con una lorza de riesgo que no para de aumentar y el GCE (Gimnasio Central Europeo) que no quiere prestarme ni una mísera mancuerna.

Dado lo fácil que me resultó llevar a buen término mi apuesta anterior he decidido poner en marcha la que gusto llamar, con mi tacto habitual, “Operación Somalia”. Consistirá en una imitación de la apuesta anterior, pero que pretende sentar cátedra creando nuevos hábitos de vida. Conociéndome como me conozco y, creedme, es bastante, raro me resultaría que consiguiese sentar dicha cátedra, lo máximo que sentará es a mí en el sillón, pero al menos por el camino intentaré situarme en una lorza de riesgo más baja si el tiránico gobierno del PP (Primorosa Panceta) lo permite. Amén de esto, la novia del anterior apostador ha decidido que su primo de riesgo también es alto, metro ochenta y cinco al menos, así que además de la ”Operación Somalia” que empezó este pasado lunes voy a aderezarme las ensaladas con otra jugosa apuesta que siempre da mayor aliciente a las comidas insulsas.

En próximos números les informaré detalladamente de mi estrepitoso fracaso. Gracias por su atención.

Atocinados saludos,

Tío Yyrkoon.

[JudaS]--=MegaMind=--





Siempre lo he sabido. Siempre lo he dicho. Ahora tengo pruebas que lo demuestran. Mi cerebro es superior a los demás, no lo digo yo, que va, lo dicen los médicos. Saben bien de qué hablan.

También es cierto que soy un poco deforme. Eso tampoco lo digo yo, lo dicen los médicos y la mayoría de las mujeres. Soy un enfermo, lo dicen los médicos y mis amigos. Fuere como fuese, llevo unos días que me siento como el chumino de la Paris Hilton, estoy en boca de todos.

Allá por finales de Noviembre empecé a sufrir dolores de cabeza muy fuertes, día sí, día también. No le di mayor importancia, se lo achaqué, como es normal, a la campaña electoral que estaba a punto de concluir. Si las mentiras hacen llorar al niño Jesús, ¿por qué no iban a darme a mí dolor de cabeza? El tema es que las jaquecas persistieron en perturbar mi paz como si de Telecinco se tratase. Los comerciantes de ácido acetil salicílico eran muy felices; yo no tanto.

El tiempo pasó y pasó y, para cuando quise darme cuenta ya estábamos en mediados de diciembre, la Sinde-Wert estaba aprobada y en la Moncloa vivía el monstruo de las galletas desteñido. En una gélida noche, sin una fecha concreta que pueda recordar, me desperté con un dolor de cabeza soberanamente exagerado, eso sí, sólo me dolía la parte izquierda. Se conoce que como la derecha estaba ya en el poder había mandado como siempre el dolor hacia la izquierda. Duró poco, treinta o cuarenta segundos, luego desapareció y empecé a sudar como un cerdo vietnamita (que a decir verdad no sé cómo sudan, pero debe ser muy cerdo… vietnamita).

Cuidado, el próximo párrafo contiene una dosis de erotismo no apta para jóvenes y/o enfermos de corazón. Así que ahí me tienen a mí, con mi escultural figura de Paquirrín con peluca, en gallumbos sobre el nórdico, a 2ºC sudando como una puta en un confesionario. No fue muy largo tampoco, no duraría más de un minuto o minuto y medio. Como era de esperar, decidí que era algo completamente normal que debía pasarle a todo el mundo… Cuando sucedió por séptima u octava vez a lo largo de diciembre y enero decidí que igual estaba pasando algo raro. Llamadme lince.

Entonces, un día de enero, un aciago día de enero, sucedió. Iba sin duda a ser el peor día de mi vida, lo supe nada más levantarme y así fue. Ese día… cerraron Megaupload. No es que tenga nada que ver con lo que estaba contando, pero, joder, que día más malo.

Otro día de enero, no tan malo como el mentado, estaba yo feliz como una perdiz, comiendo con la gente del trabajo cuando, una vez más, me sobresaltó el comunista dolor en la parte izquierda de la sien, seguido de su amigo el sudor frío, pero donde normalmente el ataquito desaparecía cual inversión en Rumasa, este decidió mutar y hacerse de los X-Men. Comenzó un hormigueo por el brazo izquierdo –Bien, no pasa nada, un simple paro cardiaco será–. No hubo suerte. Le siguió un hormigueo por la pierna izquierda –que cosa más rara– me dije. Luego se me durmió la parte izquierda de la lengua –es lógico, la izquierda está en horas bajas–. Acabé de comer y me levanté para volver hacia el tajo, pero andaba y me iba hacia la izquierda… Bueno, un ictus cerebral amigable, por fin había llegado mi hora, no había problema, me había preparado ya mentalmente para esto, sólo necesitaba llegar hasta mi trabajo, subirme encima de la mesa, bajarme los pantalones y plantar un buen pino. Ya podía morir tranquilo.

El caso es que se me pasó, pero decidí que igual ya no era tan normal, así que, cosa rara, fui al médico. Hace varios años que me vienen comentando que mi tensión es tan alta cooooooooomo laaaaaa luná, ay, ay, coooooomo laaaa luná, como la luná, para ver a los soldados de Cataaaaaluñá, ay, ay, de Cataaa… bueno eso. En realidad no es tan alta, pero me dicen que si a mi joven y tierna edad es esa mi tensión, cuando sea mayor pues mi tensión, como es normal, también será mayor. El caso es que el médico, medicoso, decidió que había sido una subida de tensión, se amparó en el banal dato de que en mitad del ataque tenía 18-12… fíjese usted que tontería.

El caso es que me dio unas pastillitas para regular un poco el tema y oiga, mano de santo, mi tensión habitual de 16-9.5 bajó en un santiamén a 13-8. Así que puede dedicarme a vivir más tranquilo. Los ataques de izquierdas perpetrados por cerdos vietnamitas continuaban, pero no iban más allá del límite. Hasta el día D (VIERNES (dato importante)), me desperté a las 7 de la mañana con un ataque zombi bolchevique, y se comenzaron a repetir los síntomas del día malvado, sumado a un denominado mareo Masiel. Usando toda la fuerza de mis pestañas me arrastré como un arenque moribundo hasta la cocina y cogí la pastillita de la tensión… “oh!, maldita sea, no puedo tragar, mi lengua está más dormida que la bella durmiente después de beberse dos botellas de vodka durante una peli de Almodobar”. Engullí la pastilla en modo pelicano on. Y luego repté hasta el comedor como una anaconda, bueno, como una anaconda que se acaba de papear a un cerdo vietnamita. Agarré el aparato de tomar la tensión y… ¿A que no adivinan que hice con él? Síiiiiiii, ¡¡unos sándwiches!! Bueno, no, me tomé la tensión esperando ver las unidades de poder de Songoku, pero no. 13-8.5. Coño, tensión normal. Ummm, sospechoso. Agarrar teléfono. Llamar madre. Cito textualmente, poner voz de “The walking dead”… “Madre. Urgencias. Llevar. Ahora.”.

Mi muy solícita madre emprendió una carrera contra el tiempo y los semáforos, para cuando llegó a mi casa ya se me había pasado el ataque y ya me comportaba de nuevo el implacable deportista que soy. Aun así decidí ir a urgencias de todos modos. No era la tensión y yo tenía caca.

Muy diligentes también en urgencias, a las catorce horas de haber llegado (literalmente), decidieron ingresarme. Miento, decidieron decirme que era un ictus, que me iban a ingresar y que ya nos veíamos el lunes. Supongo que tenían que irse a esquiar o algo. Biiiiiien, no estuve nada, pero nada, nada acojonado mi fin de semana ictusícnico. Durante una semanita me hicieron pruebas y más pruebas y al final han llegado a la conclusión de que tengo la deformidad de Arnold Swarchenegger, es decir, demasiado músculo… ah no, que era Arnold Chiari.

Básicamente esta deformidad consiste en que el hueso occipital no cierra bien. El cerebelo se va desplazando hacia abajo y presionando la médula. Esto produce bailes de San Vito en general, aunque alguna vez puede derivar en un Vals, pero no es lo normal. Podría parecer algo extremadamente raro, pero al parecer es relativamente común, el tema es que en la gran mayoría de los casos no presenta síntoma (ni problema) alguno. Como mi cerebro es super-desarrollado, pues sí que presenta problemas. Algún amigo sostiene que no es que mi cerebro sea grande sino que mi cráneo es pequeño, pero teniendo en cuenta que no me cabe ningún sombrero descartaré su teoría.

Única solución a mis problemas, cirugía o cianuro, conjeturo que una bala o una buena soga también valdrían, pero mejor no arriesgar. Así que aquí me encuentro, a la espera de una fecha que me tienen que dar en consultas externas, lugar en el que estoy citado el 23 de Abril… ¡¡Que viva la Pepa y la seguridad social!! Sólo mes y medio (más lo que tarden en darme fecha) de terribles dolores de cabeza y mareos. Al menos parece que grave no es, o eso dicen los hijos de la gran puta que viven sin dolor de cabeza. Viviré.

Os voy informando conforme me venga en gana, para que luego digáis que no os quiero.

Saludos izquierdosos,

Tío cerdo vietnamita.

Divinos & Difamados (D&D)

Cuando era joven y estúpido yo solía jugar a rol y viven los Valar y los Istari que jugué mucho. Hace tiempo que dejé de ser joven. El caso es que ahora mi hígado ya no es el mismo, y eso es porque se regenera, que sino ni tan sólo existiría. Uno, que es muy abnegado, intenta salir de fiesta viernes y sábado, pero pese a la perseverancia que me caracteriza, la vida me pasa factura y, joder, la factura es más grande que la de ONO. Ciertamente dada mi relación peso-altura, al menos puedo decir que vivo en banda ancha.


Los fines de semana, a día de hoy, quitando alguna actividad puntual, no me llevan a prácticamente ningún sitio, en cualquier caso a ninguno que no esté lleno de cruces. Los viernes se reducen a tomar un par o tres cervecitas con los amigos y allá a la una o una y media a casa. Los sábados se reducen con Pedro Ximénez. Es posible que muchos consideren esto de los viernes salir. Es posible que muchos consideren que levantarse del sofá para coger unas pipas de la cocina es salir. Yo no, si vuelvo antes de las cuatro de la mañana no he salido. Si no salgo no tiene demasiado sentido castigar a mi hígado y a mi bolsillo. Así que, tal y como vengo haciendo en los últimos tiempos hemos decidido buscar una actividad pueril, estúpida y banal para, con más pena que gloria, pasar el viernes por la noche.


Pensamos en algo innovador, a ser posible “emocionante” y que contribuyese a nuestra formación como personas. Si además nos podía reportar algún beneficio físico, económico o mental pues mejor que mejor. Pensamos en crear algo, en ayudar a gente o a algún colectivo desfavorecido en la actualidad, por ejemplo los socialistas. Pensamos en la venta ambulante de cerveza, pero lo descartamos porque seguro que nos la bebíamos, pero finalmente encontramos algo que se ceñía a todos nuestros propósitos a la vez. Esta noche, como antaño, vuelvo a jugar al D&D.


La única diferencia, además de los pelos en los huevos, es que por fin voy a hacer algo de lo que siempre me quedé con las ganas y que hasta día de hoy aún no he hecho. Follarme una oriental… ah, no, eso no era de este post, quería decir, transcribir una partida a modo de novela corta. Depende de la pericia del master y de la interpretación de los jugadores saldrá mejor o peor, pero la calidad del texto está garantizada ^_^.


Lo iré colgando por cojones… digo por sesiones.


1d20 saludos a 5+


[JudaS]--=Yyrkoon=--

Little chineses of the luck Skywalker

Hola, hola. Estoy vivo aunque no lo parezca. Me presento hoy ante ustedes para contarles una divertida historia que no es ni divertida ni historia. Resulta que andaba yo un día, muy atareado en regias tareas como es revisar el caralibro cuando de pronto me topé con un recién nacido fanzine friki que demandaba ayuda para fabricar su número dos. Al principio supuse que mi literatura bohemia no tenía cabida en las páginas de un zafio fanzine de humor y que la seriedad y saber estar que me caracterizan, como sabéis todos los que me habéis seguido alguna vez, no debían ser mancilladas con tales actos. Sin embargo, en uno de mis arrebatos de sobriedad (que son pocos puesto que siempre ando ebrio), me di cuenta de que yo no era quien para privar al mundo del don que me ha regalado y que de un modo u otro debía devolverlo. Así pues adopté una exigua sección llamada “Un viaje en el Delorean” que consiste en un pequeño recuerdo vendido en dulces gajos… ¿mensuales? En esta mi primera colaboración el tema fue “los chinitos de la suerte” y a continuación adjunto el texto que en buena lid he de mandar al capo del tema este raro. Cuando el número sea publicado añadiré el link aquí. Espero que os guste… más que nada porque si no, no me dejarán jugar más con ellos. Vamos al tema, pues el texto a continuación es el que ha de ser mandado:





Una sombra se alzaba en el este. Confinado en su torre oscura en la Moncloa Felipe lo veía todo, su mirada atravesaba nubes, sombras, tierra y carne. Corrían tiempos oscuros, eran los 80, los perro flauta se llamaban hippies y estaban bien vistos, Rita Barberá aún no había salido del pedazo armario que hacía falta para guardarla dentro (a ella y a sus seiscientas botellas de vodka) y, cuenta la leyenda, existían condiciones laborales semi-humanas para los machacas. A falta de internet y cualquier otro medio de masturbación virtual la gente se divertía como podía. Formaban sindicatos, jugaban a las cartas en los bares e incluso, válgame Iniesta, pasaban ratos en familia. Había cromos, chapas, canicas, Fraga, Alfonso Guerra y otra gran multitud de objetos inservibles y carentes de valor alguno. Entre dichos objetos que marcaban tendencia y/o paquete, estaban los chinitos de la suerte. Oh, chinitos de la suerte, hermosos entes celestiales, heraldos de la fortuna, adalides de la superstición, mermelada de las tostadas, polla en vinagre.




Los chinitos de la suerte consistían en una suerte, valga la redundancia, de testículos de madera en miniatura, mal proporcionados, pintados con colorines y sólo con pelillos en la cabeza y en el culo, cosa normal por otro lado (lo de los pelillos). Se oye comentar que surgieron de la Super Pop, que por cercanía física estaba muy relacionada con ellos ya que, si los chinitos de la suerte eran los testículos, la Super Pop era la mierda que, cual Tarzán, se balancea de los pelillos del ojete. Susodichos chinos principalmente se tallaban con la madera de los palillos de dientes usados de China, pero la exacerbada demanda española y los furtivos trozos de carne que se colaban de vez en cuando en la estructura hicieron a nuestros hepáticos amigos replantearse la manufactura de los pequeños testículos mutantes. Fue entonces cuando empezaron a desaparecer las virginales imágenes de madera de las procesiones; al mismo tiempo nació el concepto “reciclaje”, pero eso no viene a colación. Fue este y no ningún otro hecho el propició que se le atribuyesen a los chinitos poderes sobrenaturales. Dependiendo de la virgen de la que hubiesen sido tallados se les pintaba de un color o de otro, y por tanto regalaban tipos de suerte diversa a su portador. Se introdujo también un pequeño mensaje subliminar en los colores, así pues la relación color-suerte se detalla a continuación.



El rojo para el amor. Significa que en aquellos tiempos post dictatoriales, los comunistas eran gente bien avenida con el gran público y en su gran mayoría bien parecidos (entre ellos). Así que todos amaban a los rojos. Rojo, amor.




El amarillo para el dinero. Metáfora inducida por el hecho de que los chinos estaban forrándose vendiéndonos palillos usados y vírgenes robadas. Chino amarillo, dinero.


El negro para el sexo. Si necesitas que te explique la relación entre negro y sexo es que no tienes edad para que te la explique. Negro, trancón… digo, negro, sexo.



El rosa para la amistad. Obviamente los tíos sólo pensamos en follar así que las que quieren amistad son ellas (no todas) y el rosa siempre fue dominio de las mujeres. Esta debe ser la razón por la que las góticas no compraban chinitos de la suerte… bueno, compraban el negro, vete tú a saber para que “pollas” querían el negro. Ventajas de ir de gótica supongo. Aprovecho la coyuntura para mandar un cálido saludo a todas las góticas…. ¡Ay, que ricas!


El azul para los estudios. Este venía dado por el color de la cara de todos los que se ahorcaban en época de exámenes. En realidad no venía de ahí, pero no se me ha ocurrido ninguna otra estupidez mejor, y mira que voy sobrado de estupideces…


El blanco para la salud. Obviamente se les habían acabado los colores, pero querían seguir sacando pasta. Blanco, ¡¡Madrid!! (a todos los que se les haya levantado por instinto el brazo derecho pueden bajarlo ya).


Tras los hechos mentados, los chinitos de la suerte se expandieron por España cual mentiras en el programa del PP. No existía persona, animal o pijo que no tuviese un par de docenas de ellos. Adornaban coletas, muñecas, llaveros, cremalleras y pezones enhiestos varios. El populacho se sentía feliz, extasiado, repleto de suerte. Los chinos lo sabían. Viendo el éxito sin precedentes, sólo ensombrecido por el éxito de alguna canción de Georgie Dann, los chinos decidieron que era el momento oportuno de invadir occidente. Donde estaba nuestro bar de toda la vida, de pronto, ¡PLUF! un restaurante chino. Donde estaba nuestro “Todo a 100”, de pronto, ¡PATAPAM! un bazar chino. Donde había una tienda de ropa, ¡SKROCH!, otro bazar chino. Donde la chica guapa de la universidad tenía el ojete, ¡TRACATRA! unas bolas chinas. Y voy a dejarlo ya que esto parece un capítulo de Batman de Adam West.


Os contaría encantado como esos chinitos crecieron, se reprodujeron, murieron y fueron servidos en restaurantes varios de sus propios familiares como ternera con ajos tiernos, pero lamentablemente me he quedado sin espacio, así que me despido de vosotros hasta el número que viene.



Hepáticos saludos,




Tío Yyrkoon.